Sexo casual para superar la tusa

Por Ramona González.

Cliché. El sexo casual para salir de la tusa es un cliché. Hay que decir, de entrada, que nunca he tenido un polvo casual, de una noche, que sea mejor que el que viene después de un año de relación, o de dos, o de tres. Pero hay que probar y eso hice.

El primero salió bastante torpe. Pensar, todo el tiempo, en que no lo conocía lo suficiente, en que quien sabe cuántas parejas sexuales ha tenido, en que si no pensó en cuidarse conmigo es porque probablemente no se ha cuidado con nadie…. ya le resta muchas posibilidades al placer. Yo estaba sobria, él, medio alicorado. Eso tampoco me gusta. Lo que más me excita del sexo es saber que hay un macho que me desea, consciente. Su inconsciencia, aunque no lo estaba exactamente, me pasma.

Imagínese, así, mi primer polvo casual, para superar la tusa más dura de la historia, sumergido en todos esos pensamientos. Ni siquiera pensaba en el pasado, no, mi ex y el amor que le tengo no eran el problema. Lo eran, sí, las propias defensas que ejerce mi cerebro para protegerme de lo que cree errado. Una moralidad extraña, coherente a mi manera.

No puedo decir que ese primer intento fallido me dejara curada. Mis acciones se guían por el sin sentido. Actúo y ya, no construyo máximas de principios basadas en buenas o malas experiencias. Es probable, incluso, que vuelva a intentarlo con el sujeto de la torpeza. Desde que terminé con mi ex, duermo más, como menos y pienso menos. En un universo donde todo significa tanto, mi vida perdió significado. Tuve que decidir seguir en el mundo, no me voy a matar porque una relación terminó. Sin embargo, si la gente tuviera el chance de matarse por temporadas y volver a la vida, esa habría sido mi opción. Como no existe, mi manera de seguir en el mundo ha sido estar por ahí, sin buscar nada, aplicando la psicología conductista delestímulo-respuesta.

Entonces, por eso, bailaba. Bailaba en una fiesta, probando, esa noche, un labial fucsia intenso. Me encontré con un sujeto nuevo, amigo de los amigos, y charlamos rico. Nos encontramos en gustos similares y en una especie de arrogancia humilde, más humilde que arrogante, que ambos compartimos. Aunque él, claro, mucho más humilde que yo. No tiramos esa noche. Cruzamos celulares, seguimos hablando, a diario durante varios días. Del amor de los dos, del corazón roto, de las pocas ganas que tenemos de ponerle significado al mundo.

Y luego, sí tiramos. Un buen polvo. Si lo pienso bien, me encuentro con una yo sensiblera, romántica, que primero necesita que la consientan para disfrutar del sexo. Sigo creyendo que quiero vivir en medio del sin sentido y este sujeto nuevo también. Pero repetimos y hablamos y nos tratamos bonito: el buen sexo casual, por bueno, deja de ser casual. Eso sí, podría tener el mejor orgasmo casual del planeta, que no me ayudaría lo suficiente, como para que la tusa dejara de punzarme las vértebras.

Por Ramona González.



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