Mis maneras de rechazar a un tipo.

Por Ramona González.

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Miren: no soy una diva. No soy la Ramona más “guapa” de Bogotá, ni cerca, aunque de vez en cuando encajo en el prototipo de belleza que se inventaron sobre nosotras. No soy una femme fatale, soy una persona que rechaza tipos cuando no le gustan, o que los enfrenta al no estar de acuerdo con ellos y eso, aparentemente, me vuelve sexy, muy sexy.

Aunque también me han dicho lo contrario. Que justamente por eso, por rechazar tipos, soy una mamerta aburridísima. Que todo lo vuelvo una discusión de género: el cine, los libros, los desayunos y los almuerzos. Pero cómo no, si es que todo está dado en términos de género.

Estas son mis maneras de decirle que no a un mero macho. Eso sí, en ninguna hay otro hombre como excusa. “Es que mi novio me espera” o “Es que mi papá no me da permiso”. No, estas son mis maneras de rechazarlos, sin terminar metiendo otro macho de por medio.

  •      Sonreír y dar la vuelta

Desde que los hombres en Colombia cogieron por deporte echarle ácido en la cara a sus ex novias, tragas, u obsesiones, a veces es mejor sonreír e irse. Una vez terminé hablando con un fotógrafo en un evento. Yo iba a hacer mi trabajo, entrevistar a alguien y él a hacer el suyo. Empezamos a hablar de cualquier bobada, y de pronto, de la nada, me dijo:

¿Y qué vas a hacer ahora?

Voy a mi casa— respondí

—¿No tienes planes?—

—Tengo el plan de ir a mi casa

—¿Dónde vives?

—Por la autopista— dije y empecé a pedir el taxi

—Yo voy hacia el norte. Espérame y nos vamos en el mismo taxi.

—No alcanzo, es que me tengo que ir ya.

Este sujeto, a quien había conocido hace media hora, subió el tono de la voz y pasó de tutearme a hablarme de usted: “No, espéreme, yo no me demoro”.

A mí me dio miedo. Por idiota, o porque en efecto ya él tenía una actitud agresiva, o por lo que sea, pero lo que sentí fue físico miedo.

—Oye, qué pena contigo. Es que me están esperando y me tengo que ir— Le di un beso en el cachete, sonreí y salí corriendo.

  •   Ser honesto

Esta herramienta no me gusta tanto, pero a veces toca usarla. Una vez llegó un chico atractivo, que realmente podría haberme gustado en otro momento, solo que en ese día tenía pereza. Nos conocimos a través de amigos en común y sonreí genuinamente en toda nuestra conversación. Había química real, así que cuando él se insinuó, no estaba desubicado.

—Me gustaría hablar contigo mucho, mucho más. ¿Me das tu número—

Y mi respuesta fue radicalmente sincera: —Lo siento, pero estoy en otro mood.

Él sonrió y bajó la cabeza, pero creo que lo entendió bastante bien.

  •   Sacar las garras

Con este último sujeto sí había historia. Nos conocimos en un viaje en Cartagena, tuvimos sexo dos veces y volvimos a la ciudad. Él por su lado, yo por el mío. Luego empezó a buscarme. A escribirme “hola linda”, todas las mañanas. A preguntarme cómo iban mis días al medio día y a decirme que yo era preciosa por las noches.

Me fastidiaba tanto que lo eliminé de Facebook. Entonces siguió escribiéndome al celular. Y de repente, saqué las garras: “no entiendo por qué me busca. Yo en este momento no tengo disposición ni tiempo para responder sus mensajes ni me interesa. Por favor no me vuelva a escribir ni a buscar.

Y listo, asunto solucionado.

¿Y ustedes? ¿Cómo rechazan los tipos? Cuénteme en @ramonaquegrita

Por Ramona González.



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